Los dos modelos de producción

10 octubre, 2006

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Google acaba de comprar YouTube, y eso me ha movido a una reflexión. Google y YouTube representan las dos formas posibles de generar contenidos. Google es el autómata, el gran robot con una incansable capacidad de computación para rastrear la información sobre videos disponibles y filtrarla. YouTube es el foro, donde millones de usuarios -y no servidores- depositan su esfuerzo a cambio de un pequeño flash de notoriedad o simplemente la satisfacción de producir. La compra de YouTube por Google, propietaria del servicio Google Video con mas o menos el mismo tiempo de vida, demuestra que, al menos en este caso, los usuarios han generado un producto más atractivo que el fabricado por las máquinas. Probablemente GoogleVideo disponga de un catálogo más extenso que el de YouTube , o sea capaz de competir en ritmo de adquisiciones de contenidos con sus inquebrantables spiders rastreando el web en busca de los más populares, pero YouTube permite una mayor implicación del usuario con el resultado, y de ahí la satisfacción y la experiencia que es lo que últimamente ha convertido a YouTube en el tercer lugar más frecuentado de internet.

Con todo, hay que reflexionar con más perspectiva sobre este acontecimiento. Google ha sido capaz de desplazar a muchas grandes empresas con su dominio sobre el acceso a lo que es información y lo que no en internet. El que otro intermediario haya capturado esa posición de privilegio en el medio video mueve igualmente a reflexionar sobre si este capítulo es una excepción o más bien, a medida que  la internet se convierta en un medio más multimedia y menos textual, Google será capaz de mantener el centro de la información. Aún no hemos encontrado un sistema que sea a la vez eficiente y sencillo de organizar la información [no textual] de este mundo, como reza la misión del gigante multicolor.


Completa reintermediación

10 octubre, 2006

¿Qué necesito para abrir mi tienda online? Por enumerar algunos componentes, noamazon_services necesariamente ordenados en importancia o prioridad: un website atractivo y usable; visibilidad en internet (tráfico en mi sitio), obtenida mediante publicidad; si soy modesto, tendré que tener un almacén y personal recogiendo órdenes y empaquetando envíos; si no, podré mecanizarlo. También tendré un acuerdo con una empresa de paquetería, o una furgoneta propia si mis materiales son grandes o mi zona de repartos controlable. Acaso un breve sistema contable, incluso si es una libreta y soy meticuloso. Un acuerdo con una entidad financiera para cobrar a los clientes remotamente. Desde luego, tengo que tener uno o varios productos que vender, preferiblemente distintos a los de la competencia. Bien, puede que omita algun elemento más, pero es complicado defender que lo incluído no es necesario para hacer ebusiness. Montar un negocio online, con todas aquellas promesas de mercado universal, ahorro en locales y vendedores que escuchábamos a comienzos de década, no es tan sencillo. Piensa el caso español. ¿Cuántos nombres de retailers/minoristas en internet puede uno obtener si pregunta en la calle? ¿Cuántos de ellos tienen el tamaño de una mediana empresa? ¿Cuántos son rentables?

Bien, piénsalo dos veces. En realidad, necesitas un producto -insisto en lo de que debería ser diferente- y a Amazon. Amazon acaba de extender su gama de servicios empresariales a todo lo demás: ellos ponen el escaparate, el tráfico, el fulfillment, la entrega, nos cuenta su director tecnológico. Ellos cobran, liquidan; ponen incluso el almacén, al competitivo coste de unos 12,5€ el metro cúbico de espacio cada mes. Así sí que parece más apropiado hablar de aplanamiento del mundo, de desintermediación, de acceso directo de productores a consumidores. Si cualquier persona con capacidad de generación de un bien valioso para otro tiene ahora a su disposición el sistema más eficiente de distribución comercial que existe, si cualquiera de nosotros, que ya somos consumidores globales, puede ser un productor también, ¿no transforma esto el mercado tal como lo entendemos? Bueno, esto acaba de aparecer, sólo está disponible en Estados Unidos,… pero señala cómo podría ser el futuro.


La maldición de la tecnología

10 octubre, 2006

El que la tecnología está llamada a contribuir a fortalecer a las organizaciones es algo que pocos dudan, por más que sea controvertido discutir sobre la cantidad o permanencia de dicho aporte. Yo hoy quisiera reflexionar sobre otra perspectiva de la tecnología en relación con las empresas: su valor económico como producto. Aquí encuentro yo las resonancias de una maldición.

La tecnología es siempre un pronóstico del futuro. Si triunfa, será masiva, ubicua. Hemos visto eso en el SMS, en el DVD, el correo electrónico, el XML…. Formarán parte de nuestras vidas, nuestras infraestructuras, como diría N. Carr. Pero el camino es complejo, incierto, frustrante, extenuante. Cuando la tecnología se crea, es cara, es torpe y complicada. Requiere que unos promotores apuesten por ella y que unas empresas arriesguen en ellas. Lanzamientos de productos, campañas publicitarias, planes operativos, ¿pueden condicionarse a que una prometedora tecnología cumpla con las expectativas? ¿cuál es el discurso que un profesional de la tecnología puede hacer frente a una compañía para hacerle optar por el camino ciego de la posibilidad frente a la seguridad de lo conocido? ¿no reconocemos todos en las empresas la seguridad, la fiabilidad, como un valor supremo? Sólo las empresas con poco que perder parecerían estar dispuestas a ello, pero las empresas con poco que perder suelen ser también las empresas con poco que gastar, y la tecnología sin volumen es cara.

Indefectiblemente, una empresa, un grupo, unas personas, en un país o en otro, en un sector u otro apostarán por la tecnología. Las que arriesguen y pierdan nunca llegarán a los periódicos. Las que triunfen sí, pero en su victoria llevan el virus de la replicación. Cuanto más alto sea el aporte de la tecnología a los resultados de la empresa, con más rapidez y adhesiones se copiará el paso, en un proceso en el que la democratización de los medios de producción, de selección y de consumo, como explica C. Anderson, comprime los plazos y erosiona las ventajas conseguidas. ¿significa eso para las empresas que dieron lugar a la tecnología, los promotores, los inventores, que llegó el momento de recolectar? Hoy en día es más cara una botella de agua en el supermercado que una calculadora fabricada en China en el bazar del barrio. La comoditización acaba con el margen, igualando a pioneros y seguidores, reduciendo el mercado a una cuestión de escala.

Así es como el negocio de la tecnología se debate entre el fuego de la comercialización y las brasas de la sobrecapacidad, en ciclos cada vez más veloces donde el plazo de materialización de los beneficios transcurre rápido y sin avisos. ¿Significa eso que la creación tecnológica tiene un futuro amenazador? En absoluto. Pero pone de manifiesto la importancia de la flexibilidad como fortaleza en este sector.