Menguante privacidad

5 marzo, 2012

 

Recién leído el libro de E. Pariser sobre la gestión que las grandes (y pequeñas en algunos casos) empresas de internet hacen de la publicidad, uno no puede sino quedar firmemente intranquilo respecto del escrutinio de nuestros comportamientos. Un escrutinio que se prolonga a lo ancho de las distintas webs y lugares que transitamos, exarcebado por tecnologías y redes de compartición de información que hacen que nuestros movimientos se registren como un continuo incluso cuando abandonamos unas direcciones para acudir a otras, y a lo amplio, en el tiempo, muchas veces más de lo que queremos o pensamos.

Es evidente que la privacidad es un mercado a la baja y que los usuarios apenas valoran lo que entregan a los proveedores de servicios a los que escogen (desde luego, y como indica Pariser, muy por debajo de lo que lo valoran las empresas que los acumulan y explotan). Es hasta cierto punto explicable porque la gran mayoria, si no la totalidad, del entramado económico y político que se ha construido alrededor de nuestros datos tiene lugar fuera de nuestro conocimiento. No obstante, es probable que a medida que las personas vayamos experimentando y conociendo las consecuencias prácticas de la generosidad con la información de nuestra vida (no recibir determinados feeds o resultados que no encajan con nuestro perfil, ser interpelados -publicitariamente- en relación a aspectos de nuestra vida que pensábamos privados, recibir atenciones de amigos o conocidos sobre aspectos que pensábamos eliminados de nuestros registros), poco a poco se generen al menos nichos en los que el valor de la privacidad resulte de un cruce efectivo de oferentes y demandantes conscientes. La consciencia es principal aqui: solo sabiendo en qué se emplean los trazos que dejamos en la red podremos decidir si nos sentimos cómodos -o al menos suficientemente compensados- con el intercambio implícito que existe hoy prácticamente en cualquier a la que visitamos. En este sentido, se echa de menos un movimiento o acaso una iniciativa empresarial que ponga al descubierto la información recabada y utilizada por las empresas controladoras de nuestra experiencia en internet (Google, Facebook, las redes de publicidad,..) para ayudarnos a decidir. El paso dado por Firefox, en este sentido, es bienvenido, aunque probablemente no es más que un paso en el camino por recorrer. Querrán aparecer empresas que nos muestren la factura (la propia o la que pagamos a otros) de los servicios gratuitos que utilizamos?


En contra de la disposición final del Proyecto de Ley de Economía Sostenible

21 marzo, 2010

A continuación copio el texto del manifiesto, que suscribo -excepto en el punto 8 sobre la necesidad de regular sobre la neutralidad de la red-, de oposición a la disposición incluida en la Ley de Economía Sostenible.

Manifiesto “En defensa de los derechos fundamentales en internet”

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial – un organismo dependiente del ministerio de Cultura -, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

El manifiesto íntegro disponible en la siguiente fuente.


‘Hay que vivir como si fuésemos inmortales’

18 mayo, 2009

“Yo no sé si Dios existe, pero si existe sé que no le va a molestar mi duda”

Mario Benedetti (1920-2009)

Cuando el mundo despide a Mario Benedetti, resulta extraño concluir que se ha ido. Google retiene más de 800.000 referencias bajo su nombre, toda su poesía, sus palabras, incluso su timbre de voz y su mirada mansa abundan en centenares de repositorios, indelebles. Para una persona ordinaria -para quienes no son familia, amigos (en el sentido tradicional y no el de Facebook)-, conocer a M. Benedetti es tan real y posible hoy como lo era hace unos días. Como recogen sus palabras usadas para el título de este post, Benedetti ha vivido, vive, como un inmortal.

Muchos otros también están depositando en la red retales inmortales. Nuestras fotos, nuestras relaciones, nuestras opiniones van sedimentándose en las redes sociales, en los blogs, en los discos virtuales, … construyendo nuestro perfil en internet. Probablemente ésta sea la generación que más información y más rastros deja a sus descendientes, quienes no tendrán que esforzarse en el futuro para revivir a sus padres. Sin embargo, no está claro que el proceso de transferencia sea consciente, deliberado y dirigido, porque, ¿sabemos qué dice de nosotros la red?