Nokia, epílogo

22 septiembre, 2013

El destino de Nokia no ha sorprendido demasiado (no tanto en los detalles como en el fondo), pero lleva a reflexionar sobre estrategia empresarial. Cuando ELOP llegó a Nokia en 2010, era evidente que Nokia se desangraba, aunque aún contaba con músculo financiero y unos volúmenes dominantes. La situación requería cambios drásticos, y Nokia los tuvo: un CEO no finlandés y un cambio estratégico hacia un sistema operativo y de plataforma externo (y no sólo eso, hacia un sistema que no era mayoritario ni presentaba crecimientos que invitasen a creer en cambios). Desde fuera, a muchos la decisión nos parecía no sólo arriesgada, sino claramente desatinada (en vez de fiar la suerte de Nokia a un turnaround, se fiaba al propio y al de Microsoft) (yo fui solo uno más observándolo). Por alguna razón, desde dentro de Nokia se consideró aceptable (imagino que la obligación de ser coherente con la reciente decisión de nombrar a Elop).

Pero, ¿desde el punto de vista de Elop? Pensemos un momento: acabas de abandonar un gigante tecnológico que nunca ha tomado en serio a la competencia para ser nombrado CEO de una empresa que requiere un cambio estratégico trascendente. Las opciones, una vez aceptado que el cambio tenía que venir del sistema operativo, son tres: conseguir que el software de Nokia (Symbian-Meego) sean un éxito; apostar por el sistema operativo líder (Android), o por un tercer sistema no propio. La primera opción era complicada y poco consistente con su nombramiento para cambiar a Nokia; la segunda, en la cabeza de alguien que debía seguir considerando a Google como una amenaza insignificante, seguramente resultaba inasumible (imaginemos, acudir a Google para salvar a la empresa y consentir que Nokia deviniese otro fabricante más en la nómina de Android). Y la tercera? Desde el punto de vista de Elop, la opción de Microsoft era claramente la de high risk, high reward: si salía bien, hubiese supuesto devolver a Nokia al puesto que merecía; instituir a Microsoft en la posición de dominio que no había sabido replicar desde el universo PC; convertirse en leyenda de gestión empresarial y en material de caso para escuelas de negocios (incluso, como se ha visto recientemente, acreditarse ante la antigua empresa como un defensor leal de sus intereses, y apuntalar una candidatura al puesto de CEO), y batir tanto a Apple como a Google en un nuevo campo de batalla.

No es sencillo tomar decisiones estratégicas tan importantes. No obstante, lo esencial de la cuestión no se encuentra en lo que Elop -y no Nokia- ganaba con su movimiento sino en lo que podría haber perdido. Los CEOs, como los entrenadores en el fútbol, difícilmente abandonan las grandes ligas una vez que entran. Fracasar en un trabajo -si no median escándalos legales, o aún peor, delitos- no representa un hándicap para encontrar otra empresa necesitada de experiencia de primer nivel. Los salarios millonarios no se condicionan a los resultados empresariales (existen bonus, si, pero  estos se cobran aún en empresas en pérdidas). La empresa podría haberse desangrado rápidamente, o reducirse a una insignificancia competitiva, donde ser olvidada (el destino de empresas como Alcatel, SonyEricsson.. pronto HTC). Matices sin importancia en la carrera por la gloria, donde solo hay ganar, y lo demás. En estas condiciones, sin nada que perder, lo normal para Elop era apostar con la compañía. Lo demás es historia.


Nokia y su software

10 febrero, 2011

Multitud de noticias en los últimos días apuntan a un cambio transcendente en Nokia de forma inminente. Nokia, la protectora y promotora del sistema operativo Symbian, acaso el que permitió en primer lugar hablar de smartphones como categoría, se dispone a abandonar sus progresos en sistemas operativos para teléfonos, empezando por el muerto-antes-de-nacer Meego, para abrazar sistemas operativos de terceros. 

Primero conviene hacer una reflexión sobre qué circunstancias afligen a la mayor compáñía de telecomunicaciones de Europa, la representante de la que un día -ya pretérito- fuese industria emblema de la superioridad europea sobre américa. Nokia, dueña hace no tanto de cuatro de cada diez euros facturados en el mundo por teléfonos móviles (una industria no menor por cierto, y encamindada a traspasar más de 1.400 millones de terminales este año, más que televisores, pcs, navegadores,.. juntos), cierra 2010 con su logo sobre un ‘escaso’ 28% de las unidades vendidas y un panorama aún más lúgubre cuando se trata de beneficios. Diversos movimientos fallidos de la compañía en el pasado (un precursor del tablet llamado n770, las reorganizaciones de las divisiones de empresa y software, las incursiones en el terreno de los juegos portátiles,…) fueron minando recursos y probablemente moral en el grupo, hasta llegar al momento de mirar al vacío. Los cambios se necesitaban drásticos, y algunos tabúes comenzaron a romperse: un CEO de fuera de Finlandia (y ajeno a la compañía) se incorpora con la ansiedad de transformación de la compañía, y reconoce la magnitud -e incertidumbre- de la tarea.

Y los cambios parece que llegan: el anticipado sistema operativo, aquel que iba a salvar el negocio de smartphones de la compañía, empieza con mal pie, tumbando a primer teléfono que iba a llevarlo. Todo está preparado para que mañana se anuncie una alianza con Microsoft, según todos los rumores. La acción debería subir con la noticia, puesto que el sistema de MSFT al menos existe y funciona (incluso bien), lo que es una mejora respecto del nonato MeeGo. Como mínimo en términos de time-to-market es una victoria, y además es más que probable que los operadores del mundo se muestren más que solícitos en dar una oportunidad al nuevo sistema con tal de erosionar las posiciones y amenazas de Android y Apple, lo que podría significar unas ventas iniciales interesantes en el segmento de los smartphones. Pero, ¿en el largo plazo? Nokia admite la comoditización de su producto, se entrega a una compañía que tiene sus propios intereses y un historial de hacer pocos aliados para conseguirlos, y aún queda por debajo de la competencia en términos de comunidad de desarrolladores y cantidad de aplicaciones para los usuarios. ¿Podrá eso mantenerla ante el empuje de los nuevos gallos? No pretendo ser el primero en apuntarlo, pero creo que Nokia debería escoger a Android, acaso con una estrategia multisistema, es decir, manteniendo líneas de Sistemas Operativos diferentes, como hace Samsung. Android aportaría a Nokia la posibilidad de disponer de la mayor comunidad de desarrolladores posible, exprimiendo los beneficios del hardware de la compañía, su capacidad de distribuir y producir en escala e incluso su posicionamiento de marca que tan rápidamente se está deteriorando entre los compradores de terminales de gama alta. Es cierto que perdería capacidad de diferenciación, pero la cuestión es que cualqueir otra opción le aporta en la actualidad una diferenciación negativa, por lo que debe pelear para que el SO no le penalice como ocurre ahora. Además, Android ofrece posibilidades de personalización y adaptación al fabricante que no permite Microsoft y que darían la posibilidad a Nokia de aprovechar algunas de sus otras bazas de que no disponen sus competidores: los contenidos (música, mapas,…). El mundo ha cambiado para Nokia, ya nunca volverá a contar con los márgenes dorados que le aportaban la mejor línea de productos, la inercia de usuarios acostumbrados al menú del teléfono y la segmentación pionera por estilos de vida que volvió su gama una referencia para la industria. Ahora los beneficios los producen los smartphones, y su atractivo lo fundan los contenidos a que dan acceso. En Nokia aún tienen recursos para recuperar parte de su poder de mercado. El mundo tiende a ser de dos sistemas, pero Nokia puede ser el primer fabricante de terminales para el primer sistema operativo.


La guerra de los jardines vallados

17 febrero, 2010

Cuando Enrique Dans atacaba con extrema virulencia las opiniones de Alierta la semana pasada –y en ésta las de Vodafone o el gobierno-, estaba equivocando el elemento central de la intervención del representante de Telefónica. Las reclamaciones sobre el papel de los operadores en el costeo de las redes son recurrentes y están llamadas más a crear cierto estado de actitud en los reguladores que a conseguir hechos. Mientras las redes den de si, en mi opinión el debate de la neutralidad de red no es tal. Y el crecimiento del tráfico en las redes presenta ritmos que no hacen especialmente probable un colapso de la capacidad, al menos en la capa de transporte y para las redes fijas, escenario de batalla -actual- del debate de la neutralidad de la red.

Donde Enrique debería haber reparado, por premonitorio de lo que realmente contienen las estrategias de los operadores, de entre los mensajes de Alierta, es en la indisimulada insatisfacción del operador con su proveedor estrella de terminales, Apple, a quien en Telefónica no deben saber si amar u odiar. Está claro que en el camino hacia la ‘emocionalidad’ de la marca que desde Telefónica se han trazado, Apple es un escalón transcendente. No obstante, Telefónica -y los otros operadores que en su momento firmaron la exclusividad del iPhone- descubren ahora que han dado el paso a sus murallas al caballo de Troya (o de Cupertino, deberíamos decir). Tras una década restringiendo el acceso de todo tipo de proveedores de contenidos a sus clientes mediante acuerdos e interfaces limitadores, se encuentran a hora con que Apple ha transportado su plataforma iTunes a las pantallas de los móviles y ha desvinculado a los operadores de toda participación en la recomendación, venta y cobro de los contenidos digitales, justo en el momento en que estos explotan como mercado -Apple no es ajeno a esto, desde luego-. Cierto: las telecos cobran un peaje (15€ como mínimo por cliente en el caso español)  por todo el trasiego de datos (a los que son sordos) pero, ¿acaso no se convierten los operadores así en los dumb pipes de los que abominaron tantas veces? Es ésta la revelación que ha hecho a Telefónica decidir que vuelve a ser un proveedor de contenidos y que tendrá su propio jardín vallado -junto a otros operadores, tanto es el terreno que recuperar a Apple- para comercializar contenidos. Es curioso que plataformas como iMode o la propio eMoción fueron en su momento conceptos similares -parecen antediluvianos al observarlos ahora- de proponer modelos de dos caras (al desarrollador y al usuario), amortizados sin contemplaciones. Es un actuar típico de las telecos la de pensar que con dinero puede comprarse una posición en el mercado y en las preferencias de los usuarios. Sería bueno que los operadores revisaran, antes de despilfarrar nuevamente millones de euros en nuevos ‘jardines vallados’ para sus clientes, qué cosas les llevaron al fracaso en el pasado: porcentajes abusivos de participación en los ingresos, falta de facilidades a la plataforma de desarrolladores, olvido de la usabilidad en la contratación/compra de contenidos, … No deja de ser irónico que, en el momento en el que la internet ‘fija’ se ha desembarazado de cualquier vestigio de limitación, ahora en el móvil se quieran poner de moda las plataformas propietarias.

Se trata de una batalla colina arriba, como diría un inglés, pero Apple haría bien en aceptar que ni siquiera los vencedores salen incólumes de las guerras.


Smartphones, 2010.

5 febrero, 2010

El smartphone se configura para los operadores como un campo de batalla por el poder y posicionamiento en la relación frente al cliente, el área donde tradicionalmente los operadores han contado con una posición exclusiva. Como ordenadores reducidos,  los smartphones han abierto la puerta de acceso al consumidor de telecomunicaciones a las empresas del mundo internet: Microsoft, Apple y Google y todas las demás. Estas compañías pugnan ahora, a través de los sistemas operativos y las tiendas de aplicaciones, por establecer una comunicación directa y una relación de confianza –y de cobro- con los usuarios. El juego de alianzas y enfrentamientos está servido, y en 2010 veremos probablemente quiénes pierden las opciones de ser relevantes para el futuro. Apple ha tomado la indiscutible delantera con una propuesta atractiva para los operadores, pero 2010 nos dejará evidencias de si el aparente resurgimiento de Nokia y su Ovi Store es algo más que circunstancial y si la estrategia de Google de fabricar su propio terminal ayuda a la implantación de Android o complica aún más las cosas entre la comunidad de desarrolladores, los fabricantes y el buscador. Acaso Google, después de todo, necesite algún aliado para tener éxito en el internet móvil.

2010 será el año en el que, aceptado que la killer application en el móvil es internet, empiece a ponerse de manifiesto el poder de los smartphones como interfaces de entrada a los contenidos de la red, y los motores de búsqueda desde el dispositivo como la aplicación estratégica que brinde la relación entre los servicios, los usuarios y los anunciantes. Si bien el mercado publicitario asociado a las búsquedas desde el teléfono ha sido reducido hasta ahora,  (de $1 a $2 millardos globalmente), los crecimientos y el potencial garantizan la competencia encarnizada, como apunta Battelle. Quizás en 2010 veamos una nueva empresa o tecnología amenazar la posición de Google de la mano de un planteamiento para las búsquedas más adaptado al interfaz móvil, puesto que la entrada textual parece limitada interfaces QWERTY y mecánicos (esto va por el iPad).

En 2011, las ventas de smartphones estarán superando a las de PCs. En 2012 superarán los 500 millones de unidades, más de uno de cada tres teléfonos vendidos ese año en el mundo. Para entonces, los operadores que hayan resuelto sus problemas de capacidad y puedan atender la demanda de ancho de banda de este tipo de usuarios, mirarán con optimismo la evolución de sus ingresos.


Las vidas paralelas de Google & Microsoft

10 enero, 2010

La historia de Google cada día se parece más a la de Microsoft: compañía bendecida por el dominio en una tecnología/campo que se convierte en central a las vidas de los usuarios, y que desde la posición de privilegio adquirida emprende numerosas incursiones a otros mercados contiguos, haciendo en el camino adversarios de los antiguos socios. Acaso cabe establecer dos diferencias: la primera, que los 20 años de distancia entre los casos de ambas compañías han servido para que los ciclos tecnológicos, continuamente acelerados, compriman en menos de una década el camino a la cúspide que a Microsoft le llevó más alcanzar; y la segunda, que Google parece querer evitar a toda costa el error estratégico que cometió Microsoft con un mercado clave (internet): el de llegar tarde a él. Para Google, en otros tiempos ya, el tren que pasa ahora es el de internet móvil, y a fe que se afanan en ser protagonistas desde el primer momento.

Precisamente el problema de Google puede ser el opuesto: el tratar de estar en demasiados sitios. Repasemos brevemente las incursiones de la compañía en el medio móvil: Google participó en la subasta de frecuencias de espectro en USA -sin llegar a pujar-; ha construido un sistema operativo móvil -Android- con el que pretendía promover una alianza o movimiento de fabricantes, está en proceso de adquirir algunas de las empresas más pujantes en publicidad móvil, ofrece servicios de directorio telefónico y ahora presenta su propio teléfono. Google es ya una empresa de telecomunicaciones, y se encuentra construyendo el jardín privado más grande que se haya concebido para asegurarse de en que la fiesta del internet móvil ellos ponen el catering y a los invitados.

¿Es el plan de Google la mejor opción estratégica? Lo veremos, y con los tiempos tecnológicos, no pasará mucho hasta que quedemos respondidos. No obstante, el comportamiento de Google me parece estar en contradicción con muchas teorías de estrategia empresarial que doy por válidas: ¿dónde está la diferenciación de quien provee de todo? ¿cuáles son las ventajas competitivas y las core capabilities cuando el enfoque se diluye en tantos submercados -redes, hardware, software y servicios-? ¿Cómo pueden asignarse eficientemente los recursos dentro de la compañía?. La caja aportada a Google por las búsquedas patrocinadas es ingente, pero aún una fracción de la de Microsoft, y hemos observado cómo muchas de las adineradas incursiones de ésta última en mercados secundarios (el caso del Zune) se han resuelto pobremente. Ocupar una cadena de valor íntegramente, aún para un mamut como Google, es un ejercicio muy arriesgado y extenuante. Podemos interpretar algunos signos como poco alentadores: los problemas aparecidos en la comunidad de desarrolladores Android por la heterogeneidad de las versiones del sistema operativo desarrolladas por los fabricantes que las están incorporando; las dificultades para entenderse con Apple, con quien se compartió en su día una sintonía alimentada por la rivalidad con el demonio de windows. Parecen, a mi juicio, problemas que podrían haberse resuelto con una mejor elección de las prioridades.

Pronto Google tendrá como búsqueda con mayor número de resultados la que responda al número de sus competidores: Microsoft, los otros buscadores y portales, los periódicos, los grandes estudios y cadenas de televisión, las empresas de cartografía -a quien Google Maps ha dinamitado el negocio de forma similar a como Microsoft disolvió el de los browsers y a Netscape-, los operadores de telecomunicaciones, y ahora también los fabricantes de terminales -excepto quizás a HTC a quien ha entregado la fabricación del Nexus-. Una alianza mucho mayor que la que en su día combatió. ¿Tendrá Google el músculo y sobre todo la atención para resistirlos a todos? Al fin y al cabo, puede pensarse que lo que terminó con la hegemonía de Microsoft no fue la competencia sino las autoridades y reguladores que condicionaron y lastraron su actividad con los interminables procesos judiciales. Aunque en esto es probable que también Google acabe pareciéndose a Microsoft.


Internet meets mobile

29 diciembre, 2009

Morgan Stanley acaba de publicar unos informes sobre los temas claves de internet móvil, desarrollando lo que Mary Meeker apuntó en octubre. Un aspecto en el que se detienen es en el de los ciclos tecnológicos (ahora nos encontraríamos en el de internet en el móvil) y como nos situamos al comienzo de uno nuevo que el mercado tecnológico va a experimentar con gran transformación. El banco nos cuenta que muchas de las lecciones del pasado son aplicables al nuevo ciclo, magnificadas.

La explosión de internet móvil (si excluímos los dongles o modems 3G) está viniendo de la mano de los smartphones, lo que ha convertido a Apple, su produto (iPhone/iTouch) y su plataforma (iTunes/App. Store) en los grandes dominadores. Si efectivamente la historia de internet puede repetirse en el caso de internet móvil con unos años de retraso (unos 3 o 4 si tomamos la valoración de MS), entonces Apple podría acabar siendo el Microsoft del internet móvil.

Apple se ha beneficiado de constituirse de facto en el sistema operativo de internet móvil. AT&T reconce que su 3% de clientes propietarios de un iPhone devoran un 40% del tráfico de datos que circula en sus redes (hasta se ha sugerido que detrás de esto pueda estar la indisponibilidad de terminales en su web).  Se trata de un ‘ecosistema’ de aplicaciones, hardware y software (OS) al que Apple ha colocado una puerta de entrada que ellos mismos se encargan de vigilar. La intensa heterogeneidad del mercado de los terminales antes de la irrupción del iPhone le ha permitido conseguir una adhesión sin precedentes de los usuarios, de la mano de su proverbial capacidad para hacer utilizable (y sexy) la tecnología. Adicionalmente, el momento era el adecuado, con un nivel de capacidad de procesamiento y memoria que hace pensar ya en los smartphones como verdaderos PCs de mano. En un nuevo ciclo tecnológico, el de los teléfonos (y otros dispositivos conectados), Apple tiene serias posibilidades de convertirse en el proveedor del nuevo sistema operativo de referencia.

No obstante, una importante lección aprendida de Microsoft es que el paradigma del PC no es eterno. La red es el ordenador, cabría repetir, y un excesivo compromiso con el modelo del desktop es lo que ha llevado a MSFT a perder el tren de la nube. El paradigma ahora en la informática es el software como servicio, es Google y las aplicaciones en la red, es -posiblemente- un sistema operativo abierto, reutilizable y acaso residente en internet. ¿Espera a Apple su propio Google? Segun Morgan, tiene unos 2 o 3 años para saberlo.


Y ahora qué?

6 noviembre, 2009

Bomba de relojería

La banda ancha móvil está sirviendo -casi- para detener la erosión de los ingresos de las operadoras provocada por la caída de los precios de la voz (tanto los que cobran a sus clientes -minoristas- como los que cobran a otros operadores -mayoristas-). Aparece pues como una de las -pocas- felices noticias que están recibiendo en un entorno difícil -Apple les roba el amor de los clientes, Google amenaza con persuadir a los reguladores para que las autopistas de la información estén libres de los guardias de tráfico que las operadoras querrían poner,..-.

Y sin embargo, en el incontestable éxito de la banda ancha móvil -BAM- se encuentra la semilla de otro problema, acaso mayor. La BAM aporta ingresos que la voz deja de traer, pero lo hace de una forma más ineficiente, afectada en los ingresos por la competencia entre operadores y el precedente de la banda ancha fija y la popularización del barra libre (ie, tarifas planas). Rudolf van der Berg explica cómo en KPN los datos representan ya el 50% del tráfico en la red. No obstante, ocupando la mitad de la capacidad sólo son capaces de aportar un 15%-20% de los ingresos. Y el uso no va a dejar de crecer (Cisco estima que se va a multiplicar por 66 veces!!, de aqui a 4 años).

¿Y ahora qué? Las operadoras han promovido -y lo seguirán haciendo- el consumo de banda ancha móvil. Pero han desencadenado un fenómeno para el que sus redes no están preparadas. ¿Recuerdan los tiempos en que la cobertura era el argumento de venta a la hora de elegir operador? Puede que tengamos ocasión de re-vivir aquellos tiempos: “con XXX navego muy lento.”; “No cojas a YYY, la descarga se interrumpe todo el tiempo”. Cuando pensábamos que la elección de operador era una cuestión de marca, o de servicios, es posible que volvamos a pensar en infraestructuras como herramienta competitiva. Aunque, espera, no llevamos ya algún tiempo  externalizando la gestión de la red y compartiendo las insfraestructuras entre operadores? ¿Cómo diferenciarse pues con una sola red compartida y cuya gestión está externalizada?

La gestión del tráfico móvil puede acabar siendo un problema… solucionado por el tráfico fijo. Los operadores con redes de fijas quizás aporten las salida a la sobrecarga, haciéndose con el trasporte de parte de dicho tráfico empleando como puntos de entrada las redes wifi que han venido desplegando (mediante el uso de antenas domésticas de telefonía, las incipientes –y titubeantes– femtoceldas). Los operadores con redes fijas y móviles pueden partir con algo de ventaja, así como los operadores de cable, pero quizás también asistamos a la aparición de un nuevo mercado de interconexión entrante por el que los operadores (sólo, o eminentemente) móviles puedan aliviar algo de su indigestión de datos.