Identidades digitales

24 mayo, 2007

La plataforma de Second Life está teniendo una gran repercusión como mundo virtual donde la gente crea una identidad nueva y digital. En medios y blogosfera se da eco al fenómeno, como un signo de los nuevos tiempos, como un ejemplo algo ingenuo de hasta dónde la virtualización puede llegar. Sin embargo, otro fenómeno está pasando desapercibido y tiene que ver con nuestra first life, no la segunda.

Hace unos días M. Cuban reflexionaba en su blog cómo nuestras identidades reales cada vez dejan una huella más precisa y prolija en internet. La memoria de nuestras vidas y acciones queda anotada con exactitud en blogs, libros de imágenes, webs personales, podcasts con grabaciones… devaluando nuestros recuerdos hasta volverlos una burda versión del juego de archivos que quedan a disposición de nuestros congéneres. Lo digital sepultando a lo analógico. El misterio de nuestras vidas, el atractivo de las personas, que consiste en tener no un pasado, sino muchos, a lo O. Wilde, deja paso a la neutralidad de los datos y la relevancia de los resultados. Algunos padres, al concebir nombres para sus futuros hijos, comienzan a acudir a Google para identificar las fórmulas que más visibilidad otorgan, recogía hace unos días N. Carr. Junto a la imagen de nuestras aspiraciones, indicada gruesamente en las islas de Second Life, otro dossier mucho más revelador se construye en el ciberespacio.

A medida en que transferimos la importancia de nuestros actos hacia lo digital, aumenta el peligro y el poder de los patrones de la atención. Lo que no es observado no existe, y ahora son los buscadores los que fijan en qué medida una persona es digna de ser reconocida. Una posición que, cada vez con más evidencia, no es neutral, sino que incorpora la voluntad de distinguir lo bueno y lo malo. No quiero resultar catastrofista o negativo, pero si ponemos cada vez más de nuestra vida como un volumen de información o unas bases de datos, acaso no estamos planteando nuestra esencia como un problema de organización y acceso? Como se pregunta N. Carr, ¿nos dirá Google qué pensar? En el mundo ideal que se está concibiendo en el Googleplex, ¿qué detalles quedarán fuera de su acción? Conscientemente o no, el precio que podemos estar pagando por la permanencia de nuestra huella -y la relevancia como resultado- quizás sea dependencia de una inteligencia (articifical) que cada vez se reconoce más superior.


Vender tecnología o vender con tecnología

23 abril, 2007

Los mercados tecnológicos se enfrentan a un dilema: separar lo que venden (tecnología) de cómo se vende (con tecnología). En otros mercados en los que no existe la confusión, la tecnología tiene asignado un papel bien definido: contribuir a mejorar la productividad con que se compite. En los mercados tecnológicos las mejoras tecnológicas constituyen mejoras de producto, no sólo de la forma de vender, lo que lleva a menudo a interpretar que porque se vende un mejor producto (más avanzado), se está vendiendo mejor (con más eficacia y menos esfuerzo). Esta confusión está, me temo, detrás de la mayoría de fracasos de los mercados de productos tecnológicos: televisión digital terrestre, telefonía de tercera generación, el caso del video betamax, de alguna manera el Macintosh de Apple… ventajas en la tecnología (en el producto) no se trasladaron a ventajas (resultados mejores) en el mercado.

La creciente rapidez de los ciclos de producto y la incorporación de países fabricantes en condiciones crecientemente competitivas, entre otros, hacen hoy más que nunca elevadísimo el riesgo de errar con la estrategia en el mercado. Equivocarse al vender, incluso cuando se vende un buen producto, puede llevar a una empresa a la desaparición. Los resultados finales de éxito en la batalla de la tercera generación de consolas pueden suponer para Sony un contratiempo definitivo. Sony ha interpretado la guerra de las consolas, en la que partía desde una inmejorable posición tras el desenlace de la competencia por las consolas de segunda generación -que supusieron la desaparición de Sega como competidor-, como una batalla tecnológica: la mayor potencia gráfica, la mayor cantidad de componentes, necesariamente iba a resultar en una mayor atracción para el usuario. Y el resultado ha sido un producto excepcional, que parece estar interesando igualmente a un público excepcional: aquel cuyo ocio está tan relacionado con los videojuegos que un desembolso de 600€ -más los accesorios y títulos- está justificado por la sofisticación de la experiencia. Al mejorar el producto, Sony sin querer ha descremado igualmente a su público. Nintendo, por su parte, ha dado una lección de pensamiento estratégico lateral: quizás por intuición o haciendo de la imposibilidad de competir en inversión tecnológica con Sony o Microsoft, ha desarrollado un producto en el que lo novedoso es el planteamiento, no el desarrollo. No más polígonos, sino más posibilidades. No más intensidad, sino nuevos intereses. Y los resultados le están acompañando, capturando clientes por los que Sony no puede competir (ningún usuario primerizo o casual va a arriesgar 600€ en probar la experiencia del videojuego, aunque sí 250€ si además el producto no se parece tanto a aquel que ha venido ignorando hasta ahora por complejo, marginal, sedentario o violento).

Es un impulso natural pensar que el tamaño asegura el éxito, y en ningún mercado como en los tecnológicos esta premisa resulta más engañosa. Nintendo puede ganar la batalla a Sony. RIM, que jamás podrá obtener las economías de escala de que goza Nokia y que por tanto siempre tendrá que aceptar menores márgenes en la venda de dispositivos móviles, ha entendido que su oportunidad está en el software, y -para evitar que le ocurra lo que a Palm (que aceptó demasiado tarde su papel en los smartphones y sistemas operativos)- ahora desarrolla un software que permitirá contar con el correo blackberry en terminales Windows, eliminando el riesgo que tiene para su supervivencia el escenario, plausible, de que los terminales blackberry dejen de ser competitivos o queden superados en interés del público por diseños más del gusto de los usuarios, como los que hacen Apple o Nokia.

Es difícil, en compañías a las que la tecnología ha llevado a posiciones de alta rentabilidad y volúmenes en escaso margen de tiempo, aceptar que el usuario no siempre reconoce, ni valora, toda la investigación y desarrollo que hay tras el producto que emplea. Pero es muy peligroso engañarse creyendo que lo hacen.

UPDATE: En noticias.com aparece el reparto de ventas de las tres consolas de 3G. Las incluyo

ventas_consolas_3g.jpg


Google Telco

21 marzo, 2007

«Given that our mission is to organize the world’s information, it’s important to make sure our applications work everywhere in the world»

Deep Nishar, Director of Product Management, Google

Aunque desde el punto de vista de los ingresos Google es una compañía del sector publicitario, muy pocos la vemos así. Google es hoy una compañía de medios (radio, video), editorial, de software, de servicios y aplicaciones en red,…por decir algunas, en muchos casos relacionadas entre sí apenas por constituir su base la información digitalizada, como reza su misión. La ingente cantidad de dinero (cash-flow) que el negocio publicitario genera le permite invertir en múltiples sectores de forma exploratoria, aunque se trate de adquisiciones con posiciones dominantes, a la espera de identificar modelos de ingresos atractivos (YouTube, Blogger, son ejemplos en este sentido), aún por revelar. Google es también crecientemente una compañía de telecomunicaciones. Ofrece aplicaciones de voz sobre IP, como Skype, en su Google Talk, forma parte del accionariado de una compañía que ofrece acceso y pretende contar con una huella mundial, y en los USA se plantea la creación de una red propia. La aparición de un un teléfono con la marca Google se inscribe dentro del comportamiento empresarial de Google como una extensión de su presencia, desde las capas superiores (aplicaciones y servicios), a las inferiores y de infraestructura (existen igualmente ecos de su entrada en sistemas operativos).

¿hasta dónde pueden llegar las ambiciones de Google en las telecomunicaciones? Es difícil responder a esa pregunta, pero quisiera lanzar una atrevida especulación. Esto es lo que yo creo que podemos ver de aquí a 3 años (2010):

Google lanza una versión móvil de Google Talk, desarrollada en java y descargable gratuitamente desde cualquier Terminal y que permite, mediante el empleo de APIs, el versionado y adición de funciones. Rápidamente y gracias a la aparición de bonos de consumo y tarifas planas de datos, la aplicación se vuelve muy popular entre los usuarios, especialmente entre los más jóvenes, pese a que la calidad de la voz no es comparable, sobre todo cuando se trata de hacer llamadas offnet, internacionales o en horas pico, gracias al posicionamiento que se hace del usuario en mashups (combinación de pequeñas aplicaciones o módulos) de googlemaps incluidos en la aplicación. En USA, algunos operadores reaccionan vulnerando el principio de net-neutrality, y penalizando o prohibiendo el empleo de nodos asociados a Google y la aplicación. Entonces Google, que ya cuenta con ciertas redes wi-fi en funcionamiento en algunas de las ciudades más importante de USA, adquiere AOL y establece un servicio de conectividad inalámbrica general, gratuito para la mayoría de los usuarios (existe una versión de pago con garantía de calidad y servicio), financiado con publicidad vista por los usuarios. Finalmente crea su propio MVNO (operador móvil virtual), utilizando la red de uno de los operadores móviles que hayan experimentado con WiMax, a quien finalmente comprará cuando decida que quiere salir de USA para contar con los acuerdos de roaming. Emplea un Terminal Linux (con una distribución ya personalizada como Google OS para el que se desarrolla una versión ligera pensada para terminales móviles) pensado para navegar por Internet y para la comunicación VoIP. La aplicación Google Talk móvil ya junta la oferta de servicio WIFI gratuito y handover automático entre redes fijas y móviles. El servicio es muy simple, basado casi exclusivamente en la transmisión de VoIP y en servicios web (inteligencia trasladada a la red, lo que permite utilizar todos los servicios de Google: calendar, maps, froggle, google docs, ….). No hay call center, solo atención por email y por navegación de una FAQ monumental, creciente y gestionada por la tecnología de búsqueda de Google, lo que hace que sea gratuito o puramente testimonial el coste (cuota anual <100€).

Antes de descartar el planteamiento por descabellado, considérese que Google cuenta con suficiente dinero y marca como para entrar de forma instantánea como dominante en un mercado, incluso si se trata de sectores intensivos en capital como el de las telecomunicaciones. Que la tecnología abarata continuamente el coste de tender redes y que seguramente exista una larga cola de usuarios de telecomunicación dispuestos a intercambiar calidad de servicio (hasta un punto, por supuesto) por precio y conveniencia (entendida ésta como la evitación de bloqueos de SIM, contratos de permanencia, …), como demuestran iniciativas como Blyk, y sobre las que los operadores actuales no están estimulados a abordar sin arriesgar sus ingresos presentes de forma significativa. Y que la convergencia de redes, servicios y terminales, reduce a cada día las barreras de entrada para que actores de un campo se trasladen a otros de forma natural. Y Google hace esto cada día.


De la conectividad al servicio de telecomunicación

6 marzo, 2007

Una entrada de E. Dans me hace reflexionar sobre la supuesta amenaza de tecnologías disruptivas en las telecomunicaciones, como es el caso de wifi y wimax. Ambas permiten establecer comunicaciones inalámbricas sin necesidad de contar con la infraestructura de un operador. Sin embargo, una cosa es que sea posible, y otra que se haga realidad de la forma masiva y económica que afectaría a los negocios de un operador.

El negocio de la tecnología tiene como esencia el cambio, un cambio que es crecientemente acelerado. Por tanto ningún agente del mercado puede permitirse confiar el futuro de su negocio a su portfolio actual de servicios. Los grandes gigantes del sector han dado probadas muestras de conocer esto. En este escenario, elementos como la marca, las operaciones, la gestión de relaciones conforman una palanca de sostenibilidad en el negocio superior a la calidad técnica de un producto en un momento. Los usuarios lo reconocen así de forma implícita con sus elecciones y comportamientos, y sólo así se explica el éxito de servicios de escasa complejidad técnica o conceptual (como el SMS, las centralitas) frente a otros dotados de enormes inversiones (el MMS, las videollamadas, …) que han sido comercializados con un gran coste y un escaso retorno. La tecnología no explica necesariamente el éxito en el mercado ni siquiera en mercados tecnológicos.

La irrupción de tecnologías nuevas pues, sin ser un hecho irrelevante, no determina inevitablemente el derrumbamiento de los modelos de negocio actuales más allá de lo que la propia sucesión de tecnologías ya garantiza. WiMax y Wifi son blandidos por outsiders como puntas de lanza de las rupturas en la forma de telecomunicarse, pero para que realmente se produjesen cambios tectónicos sería necesario mucho más que introducir un nuevo protocolo: contar con sistemas de regulación de las frecuencias que permitan a los agentes prestar servicios comerciales con la mínima calidad aceptable por los usuarios, a salvo de interferencias o pérdidas de información (esto puede darse en el caso WiMax utilizando frecuencias asignadas al LMDS, pero limitaría la entrada a 3 competidores nuevos -uno de los cuales ya ha sido adquirido por Telefónica-, no a la supuesta horda de startups o diversificadores de la que se habla); contar con sistemas de gestión de clientes que permitan procesar los eventos asociados al disfrute del servicio (facturas, incidencias con el servicio o con los terminales, garantías y reposiciones, ..) sin interrupciones o perjuicios para los usuarios; proveer terminales fiables y a un precio asequible (algo complicado puesto que para ello hace falta una escala de la que hoy sólo disponen los operadores);  garantizar el tamaño de mercado suficiente como para que las empresas proveedoras de servicios cuenten con un ecosistema que les permita su aprendizaje y crecimiento en un marco de estabilidad,… todo ello sitúa la distancia entre la tecnología y el mercado mucho más amplia de lo que la mera entrega de paquetes o datos aparenta. Sin ello, las tecnologías no pasan de ser un campo de juego de los early adopters, observado atentamente por los incumbentes.


Don’t say «Don’t be Evil»

2 marzo, 2007

Google bajo la lupa Google representa a todos los efectos una historia de éxito. El éxito de una empresa creada en un garage y llevada a la cúspide del Nasdaq, el éxito de una empresa que supera a los grandes colosos de un mercado en menos de una década, el éxito de una marca instalada en las mentes de todos nosotros como sinónimo de su actividad (las búsquedas), separándose de sus competidores por una distancia mucho mayor que la que actualmente determina la mera calidad técnica de su producto.

Y sin embargo, todo este éxito tradicionalmente no ha sido suficiente para Google. Como empresa, confiada en su éxito, con la mezcla de arrogancia e ingenuidad típica de los ingenieros que impulsaron su nacimiento, desde un comienzo Google se concibió a sí misma como una empresa distinta a las demás empresas, instalada en un universo distinto, no contaminado por las miserias y oxidaciones del capitalismo: la resistencia a emplear elementos gráficos o publicidad en su web, la negativa a plegarse a las directrices de los mercados financieros, … todo ello eran símbolos de la unicidad de Google, condensados en el motto que ha acompañado a la empresa como un emblema: «Don’t be Evil«. De la mano de esta filosofía, Google ha atravesado su camino hacia el éxito con un efecto insospechado: la simpatía de los usuarios. Extrañamente, los usuarios no han recelado del ascenso imparable de una compañía que ha derribado como figuras de papel a las grandes multinacionales (y otras que no lo eran) que le han presentado batalla competitiva: las búsquedas primero, los blogs, el correo electrónico, los vídeos, últimamente las aplicaciones de oficina… todos terrenos de batalla superados con la inesperada facilidad con que los ejércitos alemanes deshicieron la oposición francesa en 1940.

No es difícil entender que la independencia y falta de convencionalismo de Google la hayan erigido en una favorita de los usuarios. Y sin embargo, bajo el inmaculado retrato de Dorian Gray comienzan a advertirse algunos hedores que invitan a pensar en una más prosaica realidad. A la monumental adquisición del gigante YouTube le ha seguido la estrategia implacable de obligar a todos los propietarios de derechos a requerir peticiones individuales para la remoción de los contenidos protegidos, lo que incluye amenazas a aquellos pequeños productores que no pueden costear abogados o largos procesos litigiosos. Respecto de los resultados del buscador, aún resuenan los efectos de la masiva actualización -aunque no la última- en la base de datos que mantiene bien a las claras cuál es últimamente el criterio decisor sobre los resultados de búsqueda, ya hoy un medio de vida para miles de pequeños (y grandes) comercios en internet y un puente insoslayable entre el conocimiento y la percepción de la realidad y los usuarios. La reciente introducción de la empresa en el mercado de las aplicaciones ofimáticas, sin perjuicio de poder significar la aparición de un modelo disruptivo, tiene muchos paralelismos con las denostadas prácticas de Microsoft de aprovechar su posición dominante en un mercado para torpedear la competencia en otro, empleando para ello y sin reservas el dumping (nadie puede pensar que el coste de desarrollo de esas aplicaciones venga sino de una transferencia de beneficios desde las búsquedas, aunque esto es aplicable a la enorme mayoría de campos en los que Google se ha instalado). Últimamente incluso observamos comportamientos de pura avaricia empresarial directamente incompatibles con la autoinvestida preocupación por las personas: sólo así puede entenderse la actuación en Carolina del Norte, en donde el propio estado y sus funcionarios se han visto obligados a ofrecer millones de dólares para garantizarse el establecimiento de una planta e instalaciones de la compañía. Nada que no haya estado en la agenda de otras muchas empresas, si excluímos los acuerdos de confidencialidad a que los funcionarios públicos se vieron obligados a firmar -detalles sólo al alcance de empresas tan poderosas como ella- pero que casan mal con el principio de no hacer el mal que impregna las relaciones públicas de la empresa.

Que el capitalismo y el libre mercado, con su favorecimiento del interés (económico) propio, suelen provocar situaciones y comportamientos indeseables, incluso bajo el marco de la ley, no es nuevo. Parte del velo de codicia que la sociedad asigna a los grandes poderes económicos se funda en la convicción de que la mayoría de grandes compañías esconden prácticas reprobables en la gestión de alguna persona o en la manera de conseguir ciertos resultados. Lo que es nuevo es que una empresa que se distingue a sí misma como la única de una nueva clase, y emplee esta imagen en provecho propio, acumule ejemplos igualmente cuestionables en sus sótanos. Google ha acumulado más poder que ninguna otra empresa en los últimos años. Y el poder corrompe.


Filtros personales

15 febrero, 2007

¿Cuál es la razón del éxito de los blogs? ¿por qué acudimos a un blog? El fenómeno de los blogs tiene un éxito incontestable, lo cual puede descomponerse en dos caras: la gran cantidad de oferta, que se explica mirando las razones de las personas para publicar ; y la gran cantidad de demanda, expresada en las importantes audiencias de algunos blogs. Si bien existen algunos cambios que ha permitido materializar la posibilidad de publicar -como la existencia de wordpress, en donde se escribe esto-, ¿qué hace que la audiencia se traslade de los medios tradicionales a los blogs? Esto es más interesante en cuanto que muchos de los blogs más populares recogen contenidos que ya existen previamente en el medio internet. ¿cuál es la razón de su éxito pues? No parece que sean los contenidos, puesto que no son originales en muchos casos; acaso la aportación de opinión, en la medida en que el blogger usualmente tamiza lo que publica desde su experiencia o conocimiento. Pero si fuese así, probablemente serían más exitosos los blogs más analíticos y consistentes. Por mi parte tengo la impresión de que es bastante corriente en los blogs más exitosos (microsiervos, blog maverick, … por indicar algunos de los que conozco bien y son muy populares) la variedad, la inconsistencia, como si la transmisión de los ánimos y veleidades de los bloggers resultase un incremento en su atractivo. ¿es entonces la adhesión a una personalidad por parte de la audiencia lo que justifica su éxito? Acaso lo sea, el hombre es un ser empático, social, y es difícil no proyectarse de alguna manera en los escritos, siempre personales, de un blogger. Pero vemos con frecuencia que blogs de éxito son blogs de varios bloggers, con una personalidad confundida entonces. Quizás es otra cosa. Quizás encontramos en un blog un verdadero filtro. Encontramos a alguien con quien sintonizamos en gustos, y que nos facilita, mediante su visión de la realidad, el acceso a la información que deseamos, que nos interesa, y nos resuelve el problema de la atención, nos permite sacar más provecho a nuestro tiempo seleccionando los materiales de entre la ingente masa existente. No se trata de un problema de personalización al estilo al que lo resuelven los algoritmos de recomendación, porque el usuario no es homogéneo, desea recibir igualmente opiniones sobre la NBA que sobre el futuro de los medios digitales si responden a sus intereses. El quid del blog entonces sería reflejar los intereses variopintos de un grupo adecuado de usuarios, pero para eso existe esa enorme variedad de oferta. El problema entonces sería, ¿existe alguien que dedica más tiempo a la identificación o que resuelve de una forma más aproximada a nuestro intereses este proceso, que reconozca mejor la manera de presentar un contenido para que sea valorado por nosotros? Finalmente, esa persona puede llegar a ser uno mismo, o de otro modo, quien uno mismo querría llegar a ser.


El camino abierto por el marketing

5 febrero, 2007

Es conocida la observación de un empresario americano, J. Wanamaker, sobre el gasto en publicidad: «Sé que la mitad de mi presupuesto en publicidad va a la basura. Lo malo es que no sé qué mitad». Esta reflexión ha representado durante mucho tiempo el modo de existir el marketing en las empresas, un gasto necesario pero no fiscalizable, un gasto y no una inversión.

Sin embargo, una proporción cada vez mayor de los presupuestos destinados al marketing empiezan a presentar su propia rentabilidad. Los nuevos canales digitales y la trazabilidad que de forma natural presentan, permiten repercutir cada dólar o euro a la cuenta o cliente que lo genera. Paradigmáticamente, el modelo de publicidad en buscadores -pagando por cada visita y sólo en relación a los términos contratados- que ha encumbrado a Google, facilita la determinación exacta del umbral de gasto que la empresa acepta asumir sin comprometer su rentabilidad.

¿Está cambiando el marketing? ¿Desaparecerá alguna vez el mercado televisivo, la radio, la prensa, los directorios empresariales? No es esperable, ni sería lógico dado el incuestionable valor de las marcas, aunque sea intangible. Pero la necesidad de medir es intrínseca a la gestión empresarial, y sólo se detiene donde aún no se han descubierto fórmulas para hacerlo. El marketing cambia en la medida en que el universo fiado a la casualidad y la intución es un espacio en retirada ante los avances en la determinación del ROI, y esto necesariamente implica transformaciones como las recogidas y otras muchas. Lo que está claro es que el director de Marketing que hoy admitiese perder un 50% de su presupuesto terminaría con su puesto y con su empresa, no necesariamente en este orden.

¿Qué ocurre con la inversión en tecnología? A ésta, como al marketing, durante mucho tiempo la ha protegido un manto de desconocimiento, un prejuicio, aunque en este caso a favor: la inversión en tecnología no se cuestionaba porque se sobreentendía que la dotación tecnológica necesariamente implicaba un aumento de productividad para la empresa. Este punto ya es en sí controvertido, pero es que aunque pudiese establecerse dicha relación de causalidad, esto no sería suficiente: es necesario descollar entre la competencia que emplea cada vez con más frecuencia las mismas tecnologías, por lo que accede a las mismas ganancias de productividad (o a las mismas pérdidas). En este punto, resulta imprescindible para la empresa conocer el ROI de cada euro dedicado a tecnología, justamente como ocurre con el Marketing de última generación. ¿Veremos entonces importar algunas de las técnicas ya empleadas en el marketing en el terreno de la tecnología? Quien sabe, tras este comportamiento pueden encontrarse nuevas fórmulas de servicios prestados en remoto y facturados por uso, aplicaciones personalizadas (y ajustadas en coste al uso que se les da), empleo de aplicaciones en campañas, y ciclos de seguimiento de resultados tan cortos como los del marketing.


Delegados

21 enero, 2007

La democracia es el menos malo de los sistemas políticos, se dice. Su bondad radica en que en el momento de designar al encargado de la gestión todos los afectados ejercen su influencia, y su limitación en que, una vez designado, los afectados apenas la tienen (únicamente la duración del ciclo de gobierno y la amenaza de decidir en otro sentido). Se admite pues que las democracias más perfectas son las que incrementan las ocasiones en las que los afectados deciden, como la democracia directa Suiza, y la razón de no extender la práctica es precisamente el pragmatismo, la dificultad logística y económica asociada a la movilización. La situación en las empresas, sociedades anónimas, es similar, aunque condicionada por la propiedad social. Los accionistas designan a un consejero delegado y confían en que con los estímulos adecuados éste se conduzca pensando en aquéllos. Si no es así, siempre está la posibilidad -complicada a veces- de remover al consejero y seleccionar a otro. En las empresas la dificultad de convocar efectivamente a los accionistas reduce a un año normalmente -en lugar de los 4 de los cambios políticos- la frecuencia de la toma de decisiones colegiadas, y aún así éstas suelen ser de un nivel extraordinariamente superficial.

La cuestión es, ¿es simplemente una dificultad técnica y de medios, logística y de costes, lo que reconocidamente limita los sistemas de gobierno de naciones y empresas? Si es así, ¿por qué los avances tecnológicos no han implicado cambios sustanciales en las formas en décadas? ¿No sería posible hoy, gracias a la velocidad y economía con la que la información se transmite, contactar a los afectados por un problema de gobierno, social o empresarial, y requerirles la información? ¿no es suficiente un teléfono móvil, dispositivo omnipresente en la sociedad, para informar al destinatario y recoger su parecer sobre una cuestión gerencial? En USA un accionista de Yahoo!, con menos de 1.000 acciones está reuniendo, gracias a la conectividad actual y a la consciencia de la red social, representación para remover ni más ni menos que al CEO de la empresa (y lo hace simplemente por una cuestión de discrepancia estratégica, no por abusos de la dirección) ¿No estamos hoy al menos lo suficientemente cerca de contar con los medios necesarios para hacer efectiva esta democracia en tiempo real como para que algunos gobiernos, analistas estuviesen sopesando su aplicabilidad? Y si no es así, y si nos parecen tan llevaderas las limitaciones del sistema actual, cuando tenemos al alcance de nuestra mano su mitigación, ¿qué otras fuerzas se imponen? ¿piensa la clase dirigente que los gobernados no estarían a la altura?


On FON

11 enero, 2007

Logo Fon

Hace poco Martín Varsavsky hacía el interesante ejercicio de publicar en su blog un memo interno (ignoro si dejándelo intacto) sobre los retos de FON para el 2007. Escribí un comentario, pero considero que el tema merece algo más de desarrollo (dentro de la modestia de este espacio).

En primer lugar merece elogio el ejercicio de M. Varsavsky en sí. Mediante el expediente de publicar una información que en todo caso no estaba salvaguardada en el momento en que se distribuye a las 100 personas de FON, se ha conseguido poner a discurrir sobre la estrategia de la compañía a toda la audiencia de su blog. Esto es un ejemplo viviente de las tesis Manifiesto Cluetrain: los mercados son conversación, y los blogs cajas de resonancia, y las empresas pueden extraer valiosa información de sus usuarios, una información que tradicionalmente han ignorado (las empresas sólo anotaban de sus clientes comunicaciones formales, contrataciones y quejas básicamente).

Por mi parte, observo que Fon tiene un espinoso problema por resolver: cómo conseguir una cobertura adecuada en un punto concreto. El servicio FON es un servicio de red, cuyo valor crece geométricamente con el número de usuarios, y a día de hoy no cuenta con un número suficiente para ser funcional (el propio Varsavsky estima necesitar al menos 10 veces más usuarios, y seguramente sea optimista). Elevar el número de usuarios de forma tan importante no es sencillo, y FON corre el riesgo de que la efervescencia del movimiento FON deje paso a un desencanto con la calidad de servicio y a un incremento notable del churn o número de deserciones, especialmente entre los usuarios bills que son los que aportan dinero y tienen el mayor incentivo a sustituir FON por otro servicio y que evidentemente en estos momentos son los más valorados por FON.

FON tiene que demostrar pues que es un servicio viable, y tiene que demostrarlo rápidamente. ¿Cómo hacerlo? En mi opinión existen dos aproximaciones: o se multiplican los puntos de acceso (aumentando la densidad como FON dice necesitar de 1/10.000 a 1/1.000 puntos por habitante -habría que hacer aquí los ajustes de los puntos efectivos-, o superior), lo cual implica un esfuerzo de captación monumental, o se multiplica la potencia o alcance de esos puntos (con las antenas, que hacen que un punto cunda más) de manera que unos pocos proporcionen la intensidad deseada, si quiera en unos puntos concretos. Parece que Fon esté apostando por ambas al anunciar estrategias de distribución más ambiciosas (abaratar los routers, distribuirlos por más lugares, emplear a los foneros como distribuidores…). Ignoro los recursos con los que cuenta FON (sus socios con conocidos por sus deep pockets), pero tengo para mí que el mejor anuncio que puede hacerse FON para popularizarse es que le funcione muy bien a un grupo de gente. Para ello, y puesto que en otras cosas Fon es tan «web 2.0 compliant«, mi sugerencia es emplear esta sociedad red para acceder a un grupo de usuarios que puedan demostrar FON: podría adentrarse en esa ‘larga cola’ de los usuarios con banda ancha y enfocarse en un nicho. Éste podría ser o bien geográfico (algunos comentarios al post hablan de madrid, de puntos de la costa) o preferentemente -en mi opinión- un nicho de personas. No es una cuestión trivial, pero cierto tipo de usuarios que combinasen las cualidades de ser expertos técnicos (para asegurar el correcto empleo y funcionamiento de las foneras) y que realizasen algún tipo de concentración (para probar la fonera durantes las mismas), podría ser un buen lugar donde mirar. quizás Gamers, quizás en los Blogs&Beers, quizás universitarios. Ellos pueden ser quienes lleven la fonera a su Tipping Point.


Democracia digital

30 diciembre, 2006

La toma de la Bastilla

En 2006 Times nombra a su personaje del año al internauta, a los protagonistas del web social, y no es posible no pensar que algo verdaderamente ha cambiado. Internet se ha convertido en un medio intensamente democrático, en el que todos somos iguales (en las precisas palabras de N. Carr, «on the Internet, we’re all bodiless, symbols speaking to symbols in symbols«) y el poder se haya más repartido y fragmentado que nunca. Los agentes que tradicionalmente han ostentado el poder (las empresas, los medios de comunicación), encuentran ahora que los usuarios -no todos, para ser francos, aunque sí potencialmente todos- les plantan frente y aún les miniaturizan. Y nos resulta irresistible celebrar el tránsito, la igualación de empleados y empresarios, el ajusticiamiento de las multinacionales en favor de mercados tan segmentados y alargados que el más modesto creador puede sentirse estrella y rodearse de admiradores.

Y sin embargo, esta euforia nos hace olvidar que la democracia ha admitido siempre su condición de sistema limitado, y acaso la radicalización de su imperio en un espacio como internet pueda estar igualmente exacerbando sus defectos. Asistimos a la creación de un sistema ‘transparente’ de publicidad para cualquiera y aparecen tumores que gravan la actividad sin aparente solución. Se inician los medios democráticos de gestión de la atención como Digg y sus imitadores y ahora resulta que los grandes salesmen -como diría M. Gladwell– de estos sitios ponen un precio a su juicio. Google, el gran organizador del acceso a la información, tiene también su cara de controlador respecto de lo que existe para el mundo y lo que no.

El éxito del capitalismo lo ha sido también de las empresas y los medios de comunicación. Pero por lo mismo, su deseo de conservar el poder económico que han acumulado les ha llevado a idear sofisticados métodos de organización que han homogeneizado sus productos y hecho previsibles sus defectos y alineamientos, permitiéndonos crear una adecuada desconfianza en nuestra forma de aproximarnos a ellos que nos protege de muchos de sus efectos perjudiciales (al menos de los mentales). Sin embargo, la rápida ascensión del poder de nuestros iguales nos ha cogido completamente desprevenidos. No sospechamos de la parcialidad de Google al ofrecernos contenidos, de los intereses de un blogger aupado por una audiencia y que vierte opiniones sin un proceso de comprobación de fuentes o aseguramiento editorial. Y sin embargo, buena parte de la credibilidad que atribuimos a los medios que consultamos es un efecto atribuido por la credibilidad depositada en los medios que tradicionalmente consultamos (otra parte deriva directamente del emisor, es cierto), una especie de inercia que impregna al medio y que se transmite al nuevo emisor con tal de que emplee los medios en una forma similar a lo que venía siendo la norma, justo lo que el web 2.0 ha realizado. Lo que ahora puede estar ocurriendo es que esa virtud del medio pueda estar diluyéndose entre miles de emisores que no tienen criterios de calidad en común y que no ejercen más censura que la superposición de mensajes contradictorios. En este ruido ensordecedor es difícil distinguir las voces autorizadas de las autoinvestidas, y los usuarios tenemos ante nosotros un gigantesco problema para asignar nuestra atención limitada con garantías de éxito.

La democracia ha llegado a la generación del contenido pero, como suele ocurrir con las revoluciones, derribar poderes exige una radicalización de las formas que remueve instituciones útiles y aúpa oportunistas. Tendremos que asistir a excesos hasta que el Internet encuentre la forma de expulsar o al menos de identificar a cada estrato de generadores de contenido. Los medios actuales no dejan de ser incipientes e inmaduros, tan limitados como lo es la democracia como sistema de asignación de autoridad. Aunque es lo mejor que tenemos.