Reinventar el negocio de la música

Hace unos días, un importante directivo de una de las grandes discográficas me reconocía que la industria musical viene siendo ‘un poco paquidérmica’, y que tiene necesidad de monetizar los nuevos planteamientos y desarrollos que realice para sobrevivir. Enrique Dans, muy crítico habitualmente con el sector por su poco creativa manera de defender el statu quo, recogía sin embargo hace unos días una iniciativa que alababa, por la que una de las grandes del sector (en este caso Warner Music) apuntaba a reconocer una realidad social muy tozuda y que no parece conmoverse con las campañas antipiratería o las amenazas legales.

Lo cierto es que el sector discográfico haría bien en admitir que sus planteamientos actuales no son, al menos en términos prácticos, muy eficaces, y que se necesita una reinvención del sector si no se quiere acabar convertida en una línea de negocio de los bufetes jurídicos. Hace unos días en el Web 2.0 Summit, Mary Meeker, una de las gurús de internet cuya credibilidad ha sobrevivido a la burbuja tecnológica, al tratar el estado de internet declaraba, para el caso de la industria filmográfica -en una situación similarmente crítica- que la pujanza e interés de los contenidos para los consumidores deberían imponerse finalmente en forma de ingresos para los productores.

También recientemente hemos recibido un acuerdo de Microsoft con Universal para que ésta última ingrese por cada dispositivo vendido. Personalmente estoy mucho más identificado con las soluciones que consideran los comportamientos de los usuarios en su expresión que las que se limitan al bundling o a incorporar impuestos más o menos encubiertos al hecho de acceder a la música para compensar por otros ingresos dejados de materializar, pero en todo caso resulta evidente que la industria se encuentra ahora en un momento receptivo a la innovación y la prueba, y seguramente sea de alguna de estas pruebas de las que salga la industria discográfica como la conoceremos en unos años. Mientras la música genere la pasión e identificación de tantas personas como hace, el problema no será tanto de demanda como de distribución o modelo de ingresos. Mis apuestas: empezar los tanteos en al final de la cola, e incorporar a las empresas interesadas en las comunidades de usuarios -B2C- alrededor de una marca ‘musicalizada’ a la ecuación de los ingresos.

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