La base de datos de identidades

19 julio, 2010

John Battelle escogió el término de ‘base de datos de intenciones’ para referirse, con alguna fortuna, a aquello que Google había creado con su buscador, un universo con todas las respuestas a nuestras preguntas, con las réplicas a nuestros intereses, que posteriormente la empresa se ha encargado de convertir en ingresos, poniendo en contacto a los interesados con las compañías en condiciones de satisfacer necesidades (aunque por el camino nos hayamos convertido en algo menos autónomos para decidir lo que nos conviene). La idea de una base de datos universal con nuestras ambiciones no deja de ser inquietante, como si algo íntimo y consustancial a las personas fuese apropiado por una entidad extraña, sospechosa por la mera circunstancia de ocupar un rol que no estamos seguros de haber admitido. Y sin embargo, como en aquellas ficciones borgianas de bibliotecas universales de información, ahora -con el conocimiento humano agregado en forma de imágenes, textos, sonidos y vídeos- volcamos cada año a la web todo el conocimiento y datos que producimos, y tenemos a compañías gozando de una posición privilegiada entre nosotros y el acceso al mismo. ¿Qué puede haber más inquietante?

Facebook. En las oficinas de Mountain View donde Google prepara sus estrategias para ‘organizar la información mundial y hacerla accesible y útil‘, sospecho que el rival a quien más temen es a una compañía más joven y con una inercia mucho más arrolladora que los grandes gigantes tecnológicos, sobrecapitalizados y torpes, a los que hace tiempo ya derribaron. ¿Debemos los usuarios ver en Facebook a una compañía más amable y menos amenazadora que al monstruo que conoce nuestro futuro más inmediato? Si Google ha amasado una base de datos de intenciones, un extracto de nuestro futuro más próximo, Facebook puede estar construyendo una base de datos de identidades, el catálogo completo de nuestro pasado y presente. En Facebook depositamos nuestras relaciones, nuestros gustos y opiniones, las empresas con las que hacemos tratos -o los haríamos-, las fotos que nos describen… y si algo escapa a su muro, entonces la penetración de su plataforma de gestión de identidades Facebook Connect permite cerrar el círculo de nuestros perfiles: dónde estamos, qué compramos, qué escribimos, qué leemos, a quién seguimos o rechazamos. Facebook Connect tiene ya a más de 80.000 sitios web apoyándose en su API de gestión de accesos, y presumiblemente el número crece a un ritmo comparable al de sus usuarios. Nuestras personas están hoy expuestas de forma nítida en internet; lo que ocurre en la calle, también. Muy pronto, de la mano de tecnologías de reconocimiento facial, aquello de lo que realizamos fuera del medio quedará también incorporado, digitalizado, en la red. Todo lo que somos, mejor que si lo hubiésemos recogido con el mayor escrúpulo en nuestro diario, está escrito, indexado, categorizado libre de sesgos en unas cuantas bases de datos que Facebook administra eficiente, innovadoramente.

¿Qué garantías tenemos de que Facebook utilice el poder que le hemos otorgado respetuosa y discretamente? Habría que preguntarse en primer lugar si nosotros como usuarios se las exigimos, lo que es muy dudoso. En un mundo donde el valor de la privacidad ha caído a niveles tan exiguos que hacen difícil su medición, Facebook tiene todos los incentivos a emplear económicamente, sin ninguna otra consideración, la información que nosotros le regalamos. Lo demás, es interpretación de la letra pequeña. Ni siquiera muertos estaremos a salvo.

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Ventaja competitiva, insostenible

1 julio, 2010

Para quien no conozca el servicio ‘Chart of the Day‘ de Sillicon Alley Insider, este post empieza por recomendarlo. Justamente en los los últimos días de mayo los gráficos utilizados parecen anunciar finales de ciclo para empresas emblemáticas. Por un lado, el gráfico que encabeza este post presenta la continuada caída de uno de las grandes empresas de Internet, Yahoo!, de quien casi puede decirse que junto a AOL inauguraron la era web (1.0, diriamos ahora). Yahoo!, que ha combatido sus problemas de rentabilidad reduciendo rabiosamente los costes, enfrenta ahora un problema mucho más grave: ha perdido el favor de los usuarios. Sin ser un caso comparable, el otro gráfico, de hace dos días, apuntaba como Apple tiene una capitalización de mercado que ha superado ya (el gráfico recogía una diferencia de 5 billones americanos que ha sido cubierta en 48 horas) a la de Microsoft. El ‘gigante de Redmond’, como se le denomina a menudo, no tiene problemas de ingresos o rentabilidad, pero se ve ante la evidencia de que el mundo que dominaba, de PCs y software, está cediendo su sitio al reinado de los servicios y el internet móvil que Apple ha confeccionado. Ni siquiera sus últimos intentos, un nuevo sistema operativo para teléfonos llamado Kin, no ha hecho más que una aparición durante 6 semanas por los titulares de internet antes de desaparecer. Una vida aún más breve que su nombre. Aun otra noticia reciente nos muestra otra historia de gloria perdida: Yell, la empresa de directorios de información, reconoce ingresos significativamente a la baja y apunta a cambios importantes, empezando por la dirección.

Los ciclos en los negocios vienen acompañándo nuestras observaciones de muy largo, y bien podríamos añadirlos a la muerte y a los impuestos en la lísta (cínica) de cosas inevitables en esta vida. Tampoco es nuevo la compresión de los ciclos, que hace que cada vez transcurra menos tiempo entre el ascenso y desplome de las compañías en sus mercados. AOL tuvo tiempo de adquirir tamaño suficiente como para engullir a un gigante centenario como TimeWarner, solo para diluirse en un tiempo similar dentro de la compañía a quien en su momento abarcó. Nos parece que Google ha estado siempre ocupando todos los espacios de nuestra atención en internet, pero sólo fue en 2004 que la compañía salió a la bolsa. Los mercados inexistentes hace unos años, como el de la publicidad asociada a intenciones (ie, búsquedas promocionadas), hoy son los más amplios y sólidos; aunque sólo por cierto tiempo, claro, hasta que alguien de con la tecla de las búsquedas asociadas a la intención, el sitio, y el dispositivo móvil que emplearemos para lanzarlas.

Una cosa veo clara: sobrevivir en estos ciclos vertiginosos de los mercados tecnológicos exige la disposición a renunciar a la seguridad, al confort. Los gurús como Christensen o Hamel están en lo cierto: hay que reinventarse. Apple fue capaz de encontrarse como compañía a través de un mercado (la música) para el que no contaba. Las capacidades (diseño, integración de hardware y software, usabilidad) fueron aplicadas a un nuevo espacio. Microsoft tiene enormes activos (capacidad de investigación y desarrollo, relaciones e integración con la industria, patentes y activos digitales, confiabilidad y aceptación del usuario mainstream), pero, ¿está dispuesta a verse como algo distinta de lo que es? Microsoft está perdiendo la batalla del usuario. Ni en internet recoge su atención, ni en la electrónica de consumo es capaz de ocupar un lugar distintivo en la mente del usuario,… Si MSFT se aferra a su posición de vender licencias sobre PCs puede ver cómo, cuando los dispositivos de consumo de contenidos (iPad, eBooks, TVs con acceso a internet, smartphones…) se hagan onmipresentes, su mercado queda reducido a una fracción de especialistas. Yahoo! tiene contenidos pero no es capaz de generar sinergias o circuitos que refuercen el consumo entre ellos. Su contenido además se está quedando reducido al dispositivo PC, y ha perdido terreno en su punto fuerte, la página personal, debido a una mala gestión de la tecnología. Yahoo! tiene los usuarios y el cool en su marca para atraerlos, pero debería comprar algunos activos estratégicos (servicios de música, como Pandora o Last.fm, o de personal pages como netvibes), y reforzar otros como Del.icio.us o Flickr hacia nuevos dispositivos. Yell/PáginasAmarillas por su parte debe reposicionarse en el espacio digital -es algo que están haciendo, aunque no está claro si a la velocidad suficiente-, presentándose como la compañía que asegura y optimiza la presencia en internet de sus clientes: posicionamiento en buscadores, métricas y analíticas web sobre los sites de sus clientes, gestión de campañas y listas, inteligencia de mercado sobre usuarios y sectores… Yell tiene las relaciones con las empresas, la fuerza comercial y la confianza de las PYMEs para dar ese salto. Alguna de estas compañías tendrá el valor para dejar de ser lo que es y convertirse en algo nuevo, en un escenario en el que la incertidumbre es mejor que una ventaja competitiva que ya no es sostenible?