La movilización de la información

Lo móvil se impone. La tecnología ha ejercido un papel determinante en hacer móvil el contenido y su consumo, y ahora las personas hemos incorporado a nuestra vida diaria el formato móvil, portable, consumible y accesible desde cualquier lugar. La información se digitaliza, se hace transportable y manipulable, y está listo para su entrega en movimiento. Para volverse portables, los contenidos se reducen y fragmentan, se convierten en síntesis de su versión original. La música se convierte en ringtone, en ring-back-tone, y puede incorporarse a nuestro movimiento diario. El vídeo se fragmenta en clips, las películas en sketches, y las reflexiones se vuelcan en blogs y las declaraciones en latidos de twitter. El negocio alrededor de los contenidos se magnifica: lo pequeño se consume antes, se renueva con más facilidad, se factura más veces y la producción gana en escala.

El contenido se consume atomizado, en tiempos muertos, en una sucesión cada vez más veloz de temas, novedades, formatos. Y los productores, los nuevos generadores de contenidos, acompañan la tendencia aportando versiones cada vez más ligeras, más móviles, adecuadas al consumo al vuelo de los usuarios. La perspectiva de la producción también se ajusta. Se puede prescindir de productores y factores con dedicación completa que presentan el problema de gestionar la ocupación y amortizar activos. Se acude al contenido generado por los usuarios, a la contratación puntual,… todo se vuelve transaccional, breve, orientado al resultado, formal. Es el universo del la atención parcial continua: la compresión llega a tal punto, la desagregación es tan completa que empezamos a intuir maneras de digerir diversos contenidos simultáneamente, en hilos o conversaciones simultáneas: mensajería instantánea, email, llamadas, videos, emitiendo, recibiendo… resulta ingenuo, derrochador, requerir los cinco sentidos para una sola actividad.

Nuestros comportamientos reflejan entonces la nueva naturaleza de nuestra relación con los medios: la inmediatez desplaza a la precisión y el análisis -los bloggers cuentan ya con más influencia que muchos medios escritos-, los pensamientos a los discursos -se prefieren los comentarios a los investigación, las noticias a los informes, las crónicas a los libros-: no hay tiempo para detenerse en una idea, nada se desarrolla y sólo existe paso a la sucesión de eventos. La ingente cantidad de información no permite dedicar la atención, sólo repartirla: el acceso al individuo es precario y aún así se revaloriza y encarece constantemente.

¿Estamos las personas listas para esta transformación? ¿Hemos mejorado la productividad de nuestra asimilación de tal manera que somos capaces de actuar ejecutivamente respecto de la información recibida? Y en la creación de contenidos, ¿somos tan evolucionados como para admitir la sustitución del discurso por lo abreviado sin pérdidas de significado? ¿Es ya el hombre un ser tan eficiente que conoce el secreto de la decantación de la información, o estamos abandonando la esfera de la instrospección y el análisis por la de la superficialidad y las referencias? 

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